jueves, 28 de noviembre de 2019

Las vidas de Sedenya - IV

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En esta cuarta parte concluye la historia de la diosa roja, a quien los lunares llaman Sedenya. En este cuarto relato veremos cómo Teelo Imara, ya convertida en una deidad, termina su labor. Lo que sigue es una traducción propia del documento original de Greg Stafford publicado originalmente en inglés en el fanzine online Rule One (ver aquí). Si quieres repasar mi traducción de los tres capítulos anteriores, aquí tienes los enlaces:

Parte I
Parte II
Parte III

Las vidas de Sedenya, parte IV:


Teelo Imara


Hablemos ahora de su vida como Teelo Imara.

Su búsqueda aún no había concluido.

Había creado su Tienda, pero todavía no estaba llena. Se alzaba como un campo de luz, rodeada de un jardín de belleza. Brillaba con luz propia y se percibía translúcida desde el exterior, mas era sólida en el interior.

Sin embargo, todavía no había terminado.

Aquella tienda se alzaba en un más allá. Pero ¿en cuál? No estaba definido. No estaba hecho. Aún no había acabado.

Teelo Imara contemplaba la tarea que tenía por delante. Estaba rodeada de sus seguidores más leales: las Siete Madres y todos los que más tarde serían llamados santos de su vida. Estos, a su vez, contaban con sus propios seguidores y devotos. Y esos, a su vez, contaban como seguidores a aquellos que nunca serían líderes, pero que iban a obtener un gran beneficio de ser sus seguidores.

Teelo Imara volvía a formar parte de la Historia, a estar en el mundo de los vivos, y tenía muchas tareas que llevar a cabo. No obstante, dejó la gran mayoría de esas tareas en manos de sus seguidores, y estos llevaron a cabo dichas obras en su nombre y usando para ello su poder. Se encargaron de todas las obras humanas. Y cuando era necesaria la intervención de una diosa, ella se ocupaba.

De este modo, Yanafal Tarnils dirigió su ejército en Kostaddi y entró con él en Dara Happa. Pero cuando se detuvo frente a las murallas de Raibanth, fue ella quien se adelantó sola hasta situarse al alcance de los arqueros. Estos dispararon sus flechas, que habían sido benditas y encantadas y potenciadas y guiadas por espíritus. Aun así, cayeron sobre ella como flores, y cuando su fragancia se elevó hasta las almenas, todos los arqueros se detuvieron. Algunos de sus superiores les dieron órdenes basadas en promesas, otros basadas en amenazas, pero tanto unos como otros solo obtuvieron miradas de incredulidad como respuesta. Los arqueros no daban crédito a que sus superiores no pudieran ver lo que ellos sí veían: una diosa llena de gracia y maravilla.

Así pues, les llegó el turno a los sacerdotes, que a su vez invocaron al mismísimo dios de la ciudad. Y así, Raiba el legendario, que había sido invocado catorce siglos atrás, se incorporó en su templo. La gran estatua crujió y gruñó como se espera que haga la piedra en movimiento y, tras abandonar los confines del edificio, se hizo de carne y hueso y creció hasta adoptar las proporciones propias de un ser de su poder. Así anduvo por la grandiosa Vía Imperial, pisando con cuidado entre los sorprendidos soldados movilizados como tropas de reserva en las calles de la urbe.

Mirando por encima de las murallas de la ciudad, Raiba contempló a Teelo Imara, que también creció hasta adoptar unas proporciones iguales a las suyas. Se quedaron mirando entre sí, y tras un intervalo de tiempo en el que nadie salvo los más poderosos les escuchó mediar palabra alguna, el dios superó la muralla de su propia ciudad para alzarse en la llanura que se extendía al otro lado. Allí se arrodilló y rindió los honores debidos a una divinidad más grandiosa que él mismo.

Los sacerdotes que contemplaban la escena desde las almenas se apresuraron a avisar a sus líderes. De inmediato, los líderes se reunieron y abrieron las puertas de la ciudad. Salieron en procesión y ofrecieron a la diosa miel y perlas, así como dones de ganado y grano.

Lo mismo ocurrió con el resto de dioses de Dara Happa, incluido el monstruoso Shargash, pues todos eran sabios y perceptivos.

Mientras tanto, en otras regiones, sus legiones siguieron luchando.

Sin embargo, no fue aquella su obra más importante. Tenía otras tareas de mayor relevancia por hacer. Invocó y reunió en torno a sí los recuerdos de sus yos pasados: Velortina y Deveria y Davu y Ferandaros fueron recordadas, revividas y reformadas.

Pero todo eso fue solo un preludio.

Su tarea en ese momento era crear su propio espacio en el Más Allá. Tomar la tienda que se alzaba en ninguna parte y ubicarla en el universo conocido. Conseguirlo no era fácil, pero ella tampoco era débil.

Lo intentó varias veces, pero cada vez alguien le frustró sus planes. Entonces se percató de que sus adversarios eran los poderes antiguos, que se habían reunido, procedentes de los tres Otros Mundos, para hacerle frente. Prepararon una expedición para destruir de nuevo su tienda inmortal y así retrasar sus planes durante cien vidas más. Se movilizó un ejército de inmortales procedentes de los tres Otros Mundos con el fin de derrumbar su templo etéreo. Aunque en el pasado había fracasado en este punto, esta vez ella reunió a su propio ejército. Y así fue cómo envió a sus secuaces contra Castillo Azul.

Aun así, no participó en aquella batalla. Permaneció en Torang y luego viajó a otros lugares y los consagró. Fue a Hagu, a la Cueva Tienda, a la Estaca y a otros lugares donde había intentado crear sus templos en vidas anteriores. Sus adoradores se reunieron en cada uno de ellos para rezar y hacer sacrificios.

Dejó el combate en manos de sus seguidores. Reunió a los requisitos necesarios para un líder en ese lugar y de los muchos hombres y mujeres que se esforzaron por cumplirlos escogió o creó a Rufus, el emperador rojo. Fue uno de sus trucos, con componentes y poderes unidos a partir de una derrota aparente. En otra ocasión, una cadena de montañas del Otro Mundo se convirtieron en gigantes que los dioses hicieron pedazos y luego se transformaron en pájaros de fuego que incineraron a los defensores de Castillo Azul. Fue una guerra feroz, donde los lunares no obtuvieron todas las victorias, pero al final las fuerzas de la diosa lograron su objetivo.

Fue entonces cuando se dirigió a Castillo Azul y aceptó el homenaje de los poderes del universo que en el pasado habían frustrado sus intentos.

Luego se retiró al Terreno de la Danza. Allí, con un grupúsculo de seguidores que incluían a los vencedores de Castillo Azul, llevó a cabo su último ritual terrestre. Bailó, y en ese pedazo de tierra creó el Más Allá que iba a ser suyo. Todo lugar y todo momento en los que había tratado de crear ese Más Allá en el pasado se unió entonces a ella, y cuando ascendió de nuevo al mundo celestial, todos esos lugares donde ella había luchado se elevaron con ella. De este modo creó su propio Más Allá, que incluía partes de todas partes. El mundo está hecho de todo, y así también lo está el suyo. Terminó así su tarea imposible y creó su otro mundo, que incluye partes del mundo de los dioses, del mundo de la hechicería y del mundo de los espíritus.

Se elevó a los cielos y rehizo el mundo.

Teelo Imara eleva el cuerpo de la luna roja al término de su viaje y apoteosis final. Ilustración de Hiroko.



Aún por llegar:


Ella nos dijo:
«Todos somos todos nosotros. Nacemos, amamos y odiamos, creamos y destruimos. Morimos, nos transformamos y volvemos de nuevo con una nueva forma. Todos procedemos de la Unidad, la inimaginable Taraltara; y a ello regresaremos todos de nuevo. Este mundo y esta vida no son el final. Como seres iluminados es nuestro deber proteger a los débiles, desafiar a los fuertes y enseñar el Gran Secreto del Ser a todos los que aún deben alcanzarlo. Es nuestro deber y nuestra obligación tener presente nuestro origen común, nuestra vida común y nuestro destino definitivo común. Debemos recordarlo: todos somos todos nosotros».



Todos somos todos nosotros

La victoria será nuestra



Y aquí concluye esta serie de cuatro relatos sobre la historia de la diosa de la luna, la diosa roja, Sedenya, y sus mitos. Para más información te recomiendo leer The Glorantha Sourcebook (leer reseña), que incluye más detalles sobre la mitología lunar de Glorantha. Espero que hayas disfrutado con la lectura y te animo a leer o releer las partes anteriores para que veas cómo va encajando todo. Si quieres, puedes compartir tus impresiones aquí debajo. :-)
 
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