miércoles, 28 de agosto de 2019

Las vidas de Sedenya - I

6 comentarios
 
Glorantha es un mundo de fantasía de una profundidad infinita. Y una de sus mejores bazas son los mitos, un elemento clave de este mundo. En otras entradas traduje el mito de los Portadores de la Luz, una epopeya central de la cultura orlanthi. Pero para dar una visión muy distinta de la riqueza y el detalle de las religiones gloranthanas, a continuación presento un relato que forma la base de la mitología de Sedenya, la diosa lunar, también conocida como la Diosa Roja. Una religión muy distinta a la orlanthi, tal vez incluso opuesta debido a su aceptación de las fuerzas del Caos. Se trata de una religión mística con un nivel de detalle fascinante y una complejidad que le otorga un gran nivel de credibilidad.

Por si has llegado aquí sin saber nada de esto, aquí tienes un brevísimo resumen:
El culto de la Diosa Roja empieza en la Tercera Edad, cuando el ejército de Carmania inicia una durísima conquista de la región de Peloria. Con el fin de detener a los carmanianos, cuatro individuos desesperados hacen un ritual con el que, tal vez por casualidad, resucitan a una antigua diosa de la luna, muerta durante la Guerra de los Dioses, a base de unir partes de diversas diosas olvidadas. Sin embargo, el Gran Compromiso, hecho por todos los dioses para crear el Tiempo y salvar así al universo de ser destruido por el Caos, impide que las deidades puedan intervenir directamente en el plano mundano. Pero la Diosa Roja desafía esas normas y hasta afirma haber dominado a las fuerzas del Caos. Esta nueva religión da origen al imperio lunar, una de las fuerzas políticas y religiosas principales de Glorantha en la Tercera Edad.

En esta serie de 4 entradas he traducido un relato de Greg Stafford sobre la Diosa Roja, publicado originalmente en Rule One magazine, un fanzine online dedicado a Glorantha editado por Roderick Robertson (puedes leer el original en inglés). Sin más, te dejo con un documento escrito desde el punto de vista de un habitante de Glorantha, seguramente una alta sacerdotisa del culto lunar. Que disfrutes del viaje...

La grande y gloriosa salvadora del mundo


Las tribulaciones y victorias de nuestra maravillosa Sedenya, llamada la Diosa Roja Lunar

Escrito en el año 6/7 del calendario lunar para instruir e iluminar a los pueblos del mundo


Traducido por Greg Stafford


El Testimonio


«Cuando habléis de mí, hablad en primer lugar de vosotros mismos», dijo la Diosa. En aquel momento, se encontraba instruyendo a sus seguidores sobre cómo hablar de ella a otras gentes. «¿Cómo lo haremos, su excelencia?», le preguntaron.
«Decid quiénes sois, contad vuestro primer recuerdo, vuestro alumbramiento y vuestra septización», respondió ella. Y desde entonces, todas las personas que hablan en su nombre o sobre ella siguen esas instrucciones.

Estos cuatro hechos son el punto de vista desde el cual deben observarse sus enseñanzas y el punto de inicio para ponerlas en práctica. Todo esto se declara en el Testimonio que deben realizar todos los seres lunares siempre que hablen de ella. Son los hechos esenciales que configuran a un lunar. Se trata del nombre de la persona, o la identidad externa; de su primer recuerdo; del primer despertar de la persona a un estado de conciencia superior, llamado alumbramiento, y de la septización de la persona, o el despertar de la conciencia lunar secreta que conduce a la Iluminación. Este último es el más variable, ya que cambia a lo largo de toda la vida de una persona, mientras que los otros, en general, no. El documento comienza con el Testimonio de la Diosa Viviente: Teelo Estara.


La vida de Sedenya


Su testimonio. Ella nos habló así:

«Antes de hablaros sobre mí, os contaré quién soy. Soy Teelo Imara, la que tiene siete veces siete otros nombres. Nací en Jernamathalana, el Palacio de la Nieve Blanca. Mi primer pensamiento fue cuando vi al Errante pasar cerca de mi palacio y aquello me impulsó a abandonar mi hogar. No regresé jamás. Mi alumbramiento se produjo al nacer Homura, la Gema, mi primera hija. Mi septización fue obra de los ocho brazos de Taraltara, el rostro y la máscara».


Sedenya, ilustración de Duck Nicholson

Natha es la Diosa de la Luna viviente. Es la manifestación actual de la energía del cambio y de los ciclos periódicos de Sedenya. En el presente es de color rojo, pero ha ido mutando tanto por su propio desarrollo como debido a la acción de fuerzas externas. Este cambio ha sido a la vez su gran poder y su debilidad. A veces, sus transformaciones han sido tan radicales que en tiempos remotos, muchos seres, y hasta dioses poderosos, no han logrado reconocerla de una edad mítica a la siguiente. En otros tiempos fue blanca, de un tono rojo diferente, de dos colores azules distintos, negra e invisible, y en su debido momento volverá a cambiar a otro tono de blanco. Los iniciados aprenden a reconocer que estos enormes cambios no son más que su apariencia externa, como si hubiera cambiado de vestimenta. Ella siempre es Ella.


Mitología temprana


En la Era de la Creación, fue un ser celestial, inmóvil e inmutable, como todo en el mundo de aquel entonces. Era blanca, radiante y pura, pues portaba su vestido zaytenérico de la inocencia. Un día vio a un nuevo dios y se movió de su sitio para seguirlo y contemplarlo. Siguió sus pasos por el cielo. Cuando el nuevo dios cayó por el horizonte, Zaytenera, cuya curiosidad ya era tan grande que le impedía pensar en su propia seguridad, lo siguió. Y así fue cómo allí abajo conoció a aquel dios, una divinidad fuerte a quien se sentía atraída poderosamente, y a quien tomó como su primer amante. Así, abandonó su vestido blanco y se alzó de nuevo de un rojo enérgico y brillante. Se llamó a sí misma Verithurusa, que significa la Vagabunda Maravillosa o la Verdad Cambiante, o ambas cosas a la vez.

Verithurusa, la de color escarlata, siguió vagando por el cielo, y tomó como amante al dios Shargash, que posteriormente la odió; luego a Asyrex, que fue el padre de la Gema; a Orbryix, que se quitó la vida cuando ella lo abandonó; a Urnion, que se convirtió en una estrella; a Zedada, que más tarde fue un gran guerrero, y a Mur, cuya hija e hijo eran curanderos. Por fin, cansada del mundo, volvió al palacio de su propio padre. Sin embargo, en lugar de acogerla y mostrarle su afecto, Yelm la reprendió y la regañó, y luego la desterró para siempre del palacio. Ella se marchó muy apenada, pero tras de sí quedó una sombra, que empezó a revolotear por el Palacio de la Luz con sus alas oscuras. No eran las alas de la diosa y tampoco Yelm las reclamó como suyas, pero no cesaban de revolotear de aquí para allá como un murciélago atrapado por la luz del día. Aquellas alas atenuaban la luz eterna de Yelm, por lo que a partir de entonces dejó de verlo todo tan claramente como antes, lo que permitió a sus enemigos entrar en el palacio y acercarse a él. Mucho más tarde, acabó siendo asesinado, y entonces su esposa y sus cortesanos dijeron que habían sido las alas de Verithurusa las que habían causado su muerte. Así fue cómo la Era de la Creación llegó a su fin, y dio comienzo la Era de las Tormentas.

Verithurusa se deshizo de su lozano vestido rojo y se puso uno de color azul. Halló consuelo en los brazos de Asyrex, un dios amable y cariñoso que era su esposo y el padre de los pueblos mernitanos. Sus hijos tomaron esposas y esposos de entre los dioses, espíritus, mortales y esencias. Su tierra era Dosvolos. Los mernitanos erigieron una gran ciudad, y para protegerlos, su divina madre se situó en lo alto por encima de ellos, formando un topacio de radiante color azul. La llamaron Lesilla, Madre Protectora. Su hija más brillante y más sabia fue Cerrulia, la Gran Reina. Cuando el Emperador del Centro del Universo organizó el mundo de los mortales, Dosvolos fue uno de los territorios que quedó bajo su dominio, y sus habitantes le enviaron la Alta Corona de Mernita. Cuando el Diluvio inundó el mundo, Lesilla empleó sus poderes de atracción y elevó por los aires a toda Dosvolos para que quedara por encima de las rugientes olas. Así logró salvar a su pueblo, pero para hacer tal sacrificio usó gran parte de su poder, por lo que quedó debilitada y se hundió un poco en el centro de su cielo.

Lesilla siempre fragmentó su poder entre todos los cuerpos de su multitud de descendientes. A la más poderosa de todas ellas se la denominó Cerrulia, aunque muchas otras ostentaron títulos específicos como aquel. Uno de ellos era Demiska, la Contraria, y aquel en el que ella habitaba más débilmente se la llamaba Demiska. Para compensar su debilidad, a Demiska le fue entregado el maravilloso Arco de Lesilla.

Tras el Diluvio, el Emperador del Mundo invitó a Demiska a su palacio, porque quería su arco. Lógicamente, ella se lo dio y así se convirtió en su esposa. Por desgracia, el Emperador del Mundo se lo quedó para sí y los mernitanos se enfurecieron. Le pidieron que les devolviera la Alta Corona, pero el Emperador tensó el arco mágico y con él disparó una flecha inmortal que atravesó el corazón de Lesilla, su Madre Celestial. La diosa, que estaba débil y envejecida, trastabilló y cayó del cielo. Una parte de ella todavía es visible como la meseta de la Luna Azul, un lugar devastado y plagado de fantasmas, demonios y trolls. Luego, los ejércitos del Emperador conquistaron Mernita y sometieron a su pueblo a la esclavitud.

Cuando el Emperador murió, su esposa lloró su muerte a pesar del maltrato que había sufrido y los males que le había causado. Fue entonces cuando adoptó el nombre de Tristeza, o Gerra, y se vistió de luto. Guardó sus hermosos ropajes y todas sus joyas, y se puso el vestido negro del duelo. Con el paso de las generaciones, su poder fue decreciendo debido tanto a su infinita tristeza como al hecho de que fue siendo despojada de cada vez más poder. Y así, el mundo siguió volviéndose más oscuro, desgraciado y terrible. La Era de las Tormentas llegó a su fin y dio comienzo la Oscuridad. 

Manarlarvus era un emperador débil, miserable y temeroso. Construyó una cúpula bajo la que esconderse junto a sus favoritos y dejó que todos los demás fueran devorados y torturados por el creciente número de monstruos. Culpaba a todos los demás de los problemas y los defectos del mundo.

Al principio, a Gerra se le negó la entrada a la cúpula. Sin embargo, hizo que el portero reconociera sus responsabilidades absolutas y gracias a su superior dominio de la matemática le hizo admitir que ella merecía estar allí. Sin embargo, únicamente se le permitió la entrada bajo la condición de sirviente y esclava. Se la sometió a un exceso de trabajo y a terribles e indignantes fechorías. Cuando el alimento escaseó, le comieron los dedos, luego los brazos y los pies, y también muchas otras partes. La vileza de esos actos demostró que la podredumbre y los males del mundo no solo se hallaban en el exterior, sino también en el interior de aquel refugio.

El Emperador ordenó a todo el mundo hallar la causa de sus problemas en el interior de la cúpula, pero los perpetradores del mal culparon a Gerra, tildándola de intrusa e invasora. Fue entonces expulsada de la cúpula protectora y empalada en una estaca vertical para sufrir para siempre jamás. Entonces, la cúpula se agrietó. Hay quien dice que fue debido a la maldición de Gerra o a sus gritos de agonía. Otros dicen que la causa fue la justa ira del Emperador, que en realidad era inocente y se sentía profundamente ofendido. Otros dicen que fueron las injustas mentiras y la maldad de sus súbditos. Tal vez solo fueran los monstruos del exterior quienes lograron resquebrajarla. Pero fuera cual fuera la causa, el resultado fue el mismo. La fortaleza se derrumbó, se perdió todo refugio, el cielo se desplomó sobre el mundo y el infierno se tragó los restos de ambos. Gerra fue arrancada de su estaca y obligada a deambular con los impíos restos del ser.

Los demonios dominaron la tierra. La venganza y el odio se extendieron por doquier y lo destruyeron todo. Y también habrían destruido a Gerra, de no ser porque reconocieron en ella a su propia madre. Las sombras del Reino de la Luz no osaron destruirla. Las miserias y las torturas no osaron tocarla, a ella, la que había sido víctima en su creación. Y los seres de origen extramundano, como Kazkurtum, la devoraron y la expulsaron entera. ¡Ser miserable! Vagó por el mundo y todo lo que ella tocaba despertaba un instante para ser consciente de su propia miseria y sufrimiento. En verdad ella era Gerra, la Pena y el Dolor.

Sin embargo, en una ocasión encontró la estaca en la que la habían empalado. Esta le habló y le dijo: «Rashorana, vivir significa sufrir, pero sufrir no es vivir». Ella vivió y se dio cuenta de que era algo más que sufrimiento. Con esas palabras, se vio a sí misma, tanto su ser miserable como el ser radiante que había sido. Seguía siendo todo eso a la vez, y así fue cómo prendió una diminuta chispa. Hay quien dice que esa chispa fue la esperanza, otros dicen que solo era fuego. Fuera lo que fuese, lo guardó como un tesoro, y lo amó, y cada vez que se topaba con alguien, en vez de provocar su tristeza, compartía con ellos aquel resplandor. Lentamente al principio, pero cada vez más rápido a medida que el mundo recuperaba su calor, la vida comenzó de nuevo. Los bebés empezaron a nacer completos, se escucharon risas, las tormentas de ceniza cuajaron y los dioses se alzaron de las cenizas. Los fuegos revelaron sus almas, las estrellas se elevaron, Bijiif separó a los vivos de los muertos, a los inmortales de los mortales, a los espíritus, dioses y esencias los unos de los otros. Los animales, plantas y minerales se diferenciaron entre sí y Rashorana mostró la vida interior y el propósito de cada uno. El mundo renació.

Se llamó a sí misma Ulurda. Encontró de nuevo a su esposo, que había estado perdido durante tanto tiempo, buscando la fuente de la alegría que ella era. Rashorana tejió un vestido nuevo para sí, azul zafiro esta vez, y junto a su último esposo, se elevó a los cielos. Encontró su arco y ambos buscaron sin cesar las piezas del universo a través del cielo, el inframundo y la tierra hasta que todo fue hallado y resituado de nuevo en su lugar. Compartió las enseñanzas del fuego, de la caza, del amor y de los secretos del ser. Se alzó el sol. Las naciones se separaron, cada una siguiendo su propio destino. Ella empezó a renacer en el mundo de los mortales, de donde ahora emerge toda inspiración y cambio. Se le llamó Sethir, Verener, Morga, Sendaranpola, Urstenus, Davu, Nysalor y Kerestus. Cada uno de estos hombres y mujeres plantaron una porción del conocimiento que sería necesario para vestirla con toda su gloria.

En 1220, como el mundo sabe, las Siete Madres se reunieron y la alzaron en todas sus porciones. La niña Teelo Estara, vestida de rojo y brillando con luz propia, lideró a una banda, luego a una liga, después a una asociación y, por fin, a una nación. Y aprendió acerca de su mundo, de su yo, de los otros mundos y de sus otros yos. Finalmente, llegó su hora, dejó de vagar y penetró en los otros mundos para hacerse completa con ella misma. Conquistó la vida, la muerte y el Caos, y regresó a tiempo para rescatar a su fiel pueblo. Cuando los Dioses Antiguos se resistieron a su integración en el cosmos, ella demostró su presencia. Y cuando llegó el momento, se elevó de nuevo en el cielo, roja, brillante y resplandeciente.

Esa es Natha, la que conocemos hoy en día, y a quien amamos.

Podríamos contar diez historias de cada una de estas fases que atravesó, y diez más sobre cada una de sus vidas. Pero por muchas veces que sea relatada, y por muchos seres que parezca ser, Ella es Una que es Muchas.




Espero que te haya gustado este relato. Si tienes algo que comentar o tal vez alguna pregunta, puedes dejar un comentario aquí abajo. Si quieres más, ya puedes leer la segunda parte del relato: El sendero de la inmortalidad. Y si quieres saber más cosillas sobre la mitología lunar de Glorantha, te recomiendo el suplemento The Glorantha Sourcebook, que está muy bien. :-)

6 comentarios:

  1. Muchas gracias por la traducción 😃
    Esto puede ser usado como referencia para jugadores que quieran saber más de esa religión para sus PJ.

    Ya no me acordaba de ese magazine, estarán descargados en alguna carpeta ignota, pendientes de leer 😅

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    1. Muchas de nada 😀👍
      Y sí, puede usarse como dices, o también se me ocurre algo así: «en el portapapiros del emisario lunar muerto encuentras esto». Y paf, le das al jugador el relato impreso. :-)

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  2. Idea muy sugerente, que se ilumine buscando secretos donde no debe :D
    Aunque hay que acordarse de que PJ sabe leer y cual va a usarlas para encender la fogata esa noche xD

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  3. Me ha encantado!!!. Muchas gracias por traer este relato, no lo conocía.

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    1. ¡De nada, Emod! Me alegro de que te haya gustado. A mí me fascinó cuando lo descubrí, así que pensé que estaría bien compatirlo. Espero que te guste la segunda parte y el resto de la historia... ;)

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